La Licorera
Las vigas rotas, vestigios de antaño,
cantan al son el himno asturiano.
El vino en sus venas, el licor que reposa,
en cada gota se siente la prosa.
Y la araña, ermitaña, teje con destreza,
el refugio sagrado,
su hogar de tristeza.
Teje paciente las sombras del tiempo,
con calma infinita
de un viejo lento,
en su red los sueños se atrapan,
los olvidos murmuran, las esperanzas escapan.
Ahí, en la nave, su mundo es profundo,
una soberana en su reino fecundo,
y en cada hilo, un relato se traza,
la historia de un lugar donde el tiempo no pasa.